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Lugar de origen del karate
Un camino de respeto y oración formado en Ryukyu
La espiritualidad del karate de Ryukyu
Las raíces del karate no pueden explicarse con una sola teoría ni con un solo lugar.
Las artes marciales que cruzaron el mar, el antiguo “te” de Ryukyu, el respeto a los antepasados, la etiqueta y la oración cotidiana se encontraron en Okinawa.
En Okinogu, el karate de Ryukyu se entiende no solo como una técnica para vencer, sino como un camino para enderezar el cuerpo, ordenar la respiración y aclarar el corazón.
Tradiciones para cultivar cuerpo y mente
Las historias de Daruma, Shaolin, Taishan e Ishiganto recuerdan que la práctica marcial también fue transmitida como entrenamiento del cuerpo, la respiración y el espíritu.
No fijan un origen único; muestran que la práctica marcial comienza por calmarse a uno mismo.
Por el mar hacia Ryukyu
Ryukyu fue un reino abierto por el mar. En el intercambio con China y el sur llegaron artes marciales y culturas corporales que fueron transformadas por la fe, el clima y la etiqueta local.
El mar no separaba solamente; también unía personas, culturas y oraciones.
Un arte marcial de respeto y oración
Shuri-te, Naha-te, Tomari-te, Tode y karate fueron refinados en Okinawa junto con el respeto a los antepasados y la disciplina de la etiqueta.
Antes de ser una técnica para derrotar a otros, el karate de Okinawa es una vía para corregir la propia postura y el propio corazón.
Sol, Luna y Espejo
El emblema de Okinogu es el Sol, la Luna y el Espejo. El Sol es la luz del cielo, la Luna recibe esa luz y crea ciclos, y el Espejo refleja y corrige el corazón.
Los gestos del karate de Ryukyu expresan silenciosamente la armonía entre cielo, tierra y humanidad.
El karate como oración
El verdadero sentido de la práctica marcial no es extender el conflicto, sino cultivar un corazón que lo apacigüe.
En el respeto del karate de Ryukyu hay consideración por los demás; en cada kata, una corrección de uno mismo; en la respiración tranquila, una oración para no iniciar conflicto.
Okinogu transmite este espíritu de respeto y oración desde Okinawa hacia el mundo.
